Manuel
Adorni dejó la Jefatura de Gabinete, pero no la camioneta oficial. El vehículo
que sigue utilizando acumula infracciones millonarias: una investigación de
Hugo Alconada Mon e Ignacio Grimaldi, publicada en La Nación, identificó más de
50 faltas por un monto superior a $10 millones, mayormente por exceso de
velocidad.
La secuencia
porteña agrega un interrogante. El martes 15 de septiembre, el dominio
registraba 144 multas por $61 millones. De ellas, 41 correspondían al período
posterior a su renuncia, el 27 de junio, y superaban los $8 millones. No todo
el historial, por lo tanto, pertenece a su etapa como ex funcionario.
Al día
siguiente, esas 144 infracciones dejaron de aparecer en el registro público. La
investigación no pudo establecer si se habían pagado o dado de baja. La
desaparición del listado no permite afirmar que fueron perdonadas, ni
identificar quién habría desembolsado el dinero.
Entre el
jueves y el viernes aparecieron cuatro multas porteñas por $1,8 millones. En
Provincia seguían registradas 27: ocho posteriores a la salida de Adorni, por
$1,3 millones. Son cortes distintos del registro, no cifras que puedan sumarse
sin más para calcular una deuda vigente.
El otro eje
es la continuidad del beneficio. La Toyota SW4 modelo 2022 pertenece al
Instituto Nacional de Promoción Turística, el Inprotur, que la cedió a la
Jefatura de Gabinete durante la gestión de Guillermo Francos. Según informó El
Día, el permiso fue formalizado en enero de 2025. Casi tres meses después de
dejar el cargo, Adorni conserva ese recurso estatal.
El Gobierno
vinculó su utilización con la custodia. Seguridad explicó a La Nación que la
protección de altos funcionarios y ex funcionarios se mantiene durante seis
meses según una evaluación de riesgo. Esa justificación abre una discusión
sobre el alcance de la cobertura: quién autoriza los recorridos y cómo se
controla el uso del vehículo.
Las
notificaciones de las multas llegan al Inprotur, titular de la camioneta. El
organismo sostuvo que los gastos corresponden a la Jefatura de Gabinete. Pero
esa respuesta administrativa no aclara quién afrontó cada infracción ni qué
trámite explica las bajas del registro.
El caso deja
una cuenta pendiente de rendición pública. Una cosa es justificar la seguridad
de un ex funcionario; otra, explicar el destino y los costos de un bien
estatal. Adorni ya no ocupa el despacho, pero sigue trasladándose con un
vehículo oficial cuyo historial exige rendir cuentas sobre los pesos gastados.




